| Mentiras Impiadosas | |
| Por
Norberto Oldani Científico del CONICET |
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| Fuente: www.castellanos.com.ar | |
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La depredación ictícola, una constante en los 700 kilómetros de costa santafesina, es un flagelo que amenaza con destruir recursos valiosísimos en la provincia. Un grupo de empresarios frigoríficos, para los cuales la crisis es "una fábula", sostiene que "varios cientos de empleados trabajan en forma directa en los nueve frigoríficos costeros desde Santa Fe hasta Villa Constitución", según Mario Fabrizi, propietario de uno de los establecimientos. Pero una investigación de CASTELLANOS revela que el dato no tiene congruencia con la realidad: los 12 frigoríficos acopiadores registrados en organismos oficiales en Santa Fe, sólo contaban, según un relevamiento de mayo de este año, con 70 obreros. (Informe
Consultora Praxis) - Luego de la devaluación del peso, tras la
crisis económica de 2001, varios frigoríficos de la región
sumaron acopiadores y pescadores para asegurarse la provisión del
recurso ictícola, explotado casi hasta el límite de su desaparición.
La pesca ilegal está amenazando al sábalo, un pez cuya importancia
en la cadena alimentaria de cerca de 20 especies es crucial. Cientos de
metros de mallas que violan las medidas reglamentarias surcan los 700
kilómetros de ribera santafesina casi a diario, ante la mirada
atónita de los pobladores y las autoridades, que no han desarrollado
hasta el momento una política eficiente contra la depredación
del recurso. Más
allá de la pesca artesanal de miles de pescadores, la problemática
que amenaza con el virtual vaciamiento de los ríos locales tiene
como punta de lanza a un grupo de frigoríficos provinciales, que
obtienen -con pequeñas estructuras- una alta rentabilidad. Cerca
de 37.000 toneladas anuales son exportadas, de acuerdo a las cifras esgrimidas
por el Senasa, aunque la cifra podría alterarse de acuerdo a las
evaluaciones de organizaciones ecologistas y científicos que han
estudiado la problemática (ver "Cifras que no cierran").
Los empresarios,
desde hace meses, ven amenazado su horizonte de lucro a partir del trabajo
de organizaciones intermedias, legisladores y científicos que denuncian
el vaciamiento literal de los ríos y la escasa voluntad del Estado
para controlar la situación. Hace escaso tiempo, uno de los voceros
del lobby frigorífico y titular de un establecimiento, Mario Fabrizi,
declaró al diario La Capital que la crisis ictícola era
"una fábula". Fabrizi además apeló a una
vieja excusa para presionar sobre los controles: al argumento de las fuentes
de trabajo en peligro. "Varios cientos de empleados trabajan en forma
directa en los nueve frigoríficos costeros", sostuvo el empresario.
Diario CASTELLANOS
investigó el tema, y los datos recabados permiten afirmar que el
lobby frigorífico utilizó argumentos que no se condicen
con la realidad. De acuerdo a fuentes allegadas a la actividad, sobre
12 empresas inscriptas regularmente, la cantidad de empleados sólo
llega a 70, contrariando los argumentos esgrimidos por Fabrizi. (ver Patas
cortas). La nómina de empresas incluye, curiosamente, a dos establecimientos
que no fueron localizados por las autoridades estatales. Esta investigación
del diario fue corroborada por organismos oficiales, que pidieron no revelar
la fuente. El diputado Demócrata Progresista Héctor Jullier,
legislador que viene siguiendo la problemática desde el Poder Legislativo
santafesino, consultado por este diario expresó que no le asombra
esta revelación periodística. "Desde nuestro bloque
hemos recabado datos que reafirman esta situación. No nos asombra
que se apele a la mentira para sostener a toda costa el negocio",
sostuvo. Más
adelante Jullier agregó que "Necesitamos proteger las fuentes
de trabajo de la región, pero condenamos la mentira como herramienta
de presión sectorial en detrimento de los intereses de toda la
sociedad santafesina. No podemos permitir que actitudes mezquinas pongan
en peligro el futuro de la economía y el turismo de Santa Fe. Por
eso es vital que el gobierno provincial asuma políticas serias
en materia de prevención de la depredación. Pero hasta el
momento no hay resultados importante, más allá de algunos
operativos de control publicitados", expresó el legislador.
El vaciamiento
de los ríos sigue generando polémicas. La realidad indica
que todavía resta mucho por hacer para detener un problema que
afecta presente y futuro de los santafesinos. Frente al lobby de sectores
que parecen no tener escrúpulos en la búsqueda de sus objetivos,
parece imprescindible que el Estado se involucre con políticas
que detengan la depredación. Negocio
millonario Los frigoríficos, para aumentar las capturas, alteraron el esfuerzo de pesca con kilómetros de redes y una gran capacidad de movimiento para seguir los cardúmenes (lanchas, camiones, combustible). Además, para mantener las capturas, ilegalmente iban achicado la abertura de las mallas atrapando también los peces de tallas menores que son más abundantes. Simultáneamente,
van dejando afuera del negocio a los pescadores artesanales, llegando
al punto que por más esfuerzo que hagan no consiguen capturar ni
la cantidad mínima de peces que necesitan para seguir viviendo.
Esto suena contradictorio porque mientras a los pescadores artesanales
no les alcanza ni para comer, los propietarios de los frigoríficos,
llamándose a sí mismo "empresarios", siguen invirtiendo
más dinero, exportando con una voracidad ilimitada fascinados por
los dólares, violando todas las legislaciones posibles, mintiendo,
confundiendo y generando día a día mayores saldos ambientales
para la sociedad. Cifras
que no cierran La corrupción
es un elemento determinante a la hora de la alteración de las matemáticas.
"La depredación es una consecuencia directa de pequeños
y grandes hechos de corrupción, y la evidente falta de voluntad
política", resalta Jorge Cappato, miembro de la ONG Fundación
Proteger. "Más allá de las cifras de exportación
anual registradas por el SENASA, existen datos oficiales del Ministerio
de Agricultura de Colombia en el 2004 llegaban solamente a ese país
35 mil toneladas anuales. A eso debería agregarse la enorme cantidad
de sábalos que van a Brasil, Bolivia y Nigeria, Chile, Perú,
Angola, Jordania y Rusia, entre otros que tal vez no conocemos".
Norberto
Oldani |
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